Los seres humanos nos protejemos con máscaras de soberbia que impiden que mostremos nuestro verdadero ser
CDMX, 10/3/2015. Este día me vi con Ramavayan y me platicó que, durante muchos años, las personas a quienes se encontraba le echaban la culpa de eventos que les acontecían a ellos y en los que él no tenía nada que ver; incluso alguien le recriminó: yo estaba muy bien hasta que te conocí. Esta situación lo tenía confundido, por eso preguntamos a los Maestros a qué se debía esto y dijeron: es que tú emanas una energía que les remueve sus miedos, por eso te reclaman. De manera paralela, explicaron: con tu presencia, comienzas a sacudirle la energía desde adentro a quienes te ven, por eso muchos te tienen coraje; les agitas su basura interna. Ése es el motivo por el cual varias personas luego ni quieren encontrarte —y nos quedamos boquiabiertos.
Nos fuimos caminando para hacer una concentración en el parque y, en el camino, acordamos que trabajaríamos ciertas emociones que nos han estado brotando; también enlaces que nos tienen apegados a nuestras esposas; además, quitarnos energías que nos hacen estar diciendo groserías y la frecuencia que nos produce enojo; finalmente, solicitaríamos un rayo para tener felicidad.
Al detectar mis intenciones de pedir por otros, Ramavayan me dijo: antes, yo ayudaba a todos, pedía por todos y me desgastaba mucho atendiendo problemas que no me correspondían, hasta que entendí que, en primer término, tengo que pedir por mis necesidades, ya que nunca lo hacía. Era como tú, me interesaba demasiado en apoyar a los demás, pero olvidaba mi persona. Los Maestros me recomendaron pensar primero en lo que yo necesito; recientemente nuestros Guías Espirituales me han estado ayudando a remover esa necedad que tengo y que me hace volcarme hacia otros —explicó, por lo que hicimos un trabajo en lo que solicité que ya no esté volcado hacia otros.